El papel del alemán en la vida de una persona
November 1st, 2007 by abbotCuando escuchó a mi amigo Eduardo por el teléfono y me dice que sus clases de alemán son espectaculares, recuerdo como yo sufría para llevar esta materia en la escuela y luego en el instituto. No obstante, tengo que reconocer que el siempre fue un excelente alumno en todos los cursos. Ahora, él vive en Frankfurt, estudiando en la universidad. Obtuvo una beca y se fue de inmediato para esa ciudad. Para suerte de él, ya dominaba el alemán de forma elemental ya que lo había estudiado en la escuela y algún tiempo en un centro de idiomas. Según lo que me cuenta, ha tenido que volver a estudiar algunos temas que le han servido para pulir y perfeccionar su manejo del alemán. Actualmente se encuentra en el nivel intermedio y por sus palabras puedo denotar que el nivel avanzado lo superará con suma facilidad. No obstante, cabe señalar que para que Eduardo haya podido alcanzar este nivel, mucho tuvo que ver el papel que jugó el instituto en donde estudió la lengua germana. En sí, no estuvo mucho tiempo, tan solo seis meses. Es poco tiempo debido a que los cursos por lo general duran tres años. Aunque ese tiempo le fue suficiente para cimentar una base sólida de conocimientos que ahora le sirve para continuar con sus estudios en tierras teutonas. El estaba en uno de los mejores centros de idiomas del país, y yo también, sin embargo, yo no aproveche muy bien el tiempo que estudie la lengua germana debido a problemas que tuve en casa y en la universidad. Pero esa es otra historia. Volvamos a la de mi amigo Eduardo. El ya tenía ciertas referencias del alemán como ya dije por la escuela y además, su padre era fanático de todo lo que tuviera que ver con la cultura y las costumbres alemanas. Por eso, no ha tenido ningún tipo de inconveniente al momento de comprender la visión intercultural del idioma teutón. Es más, este es un aspecto que le fascina. Además, cabe acotar que de vez en cuando leía algunas de las revistas que tenía su padre. Este le enseñó algunas nociones elementales y pudo comprender lo que decían. Sean de deportes, de cultura o de cine. Eduardo podía comprenderlas de manera efectiva y se divertía al hacerlo. Con el transcurrir del tiempo, concluyó la secundaria e ingresó a la universidad. En medio de todo esto, se matriculó en el instituto y aquí fue donde comprendió por primera vez el real valor de esta lengua. O sea, su verdadera dimensión. Los primeros dos meses fueron sencillos para él debido a los conocimientos que ya poseía tras sus clases en la escuela y los consejos de su papás. Sin embargo, los tres meses siguientes fueron muy complicados para él. Gracias a la ayuda de su profesor, los pudo superar y seguir para adelante con su aprendizaje. El último mes que estuvo en el centro de idiomas, su nivel volvió a subir de forma considerable y volvió a ser el de antes. A pesar que estaba en el nivel básico, sus conocimientos eran muy adelantados. Justo cuando estaba a punto de concluir el sexto mes, llegó la oferta de la beca de estudios. Eduardo no lo dudó dos veces y a los pocos días ya estaba en el avión rumbo a Frankfurt.
Cuando recuerdo todo lo que vivió Eduardo, la nostalgia me invade. Era un buen amigo y sobretodo muy buen estudiante. El progreso que esté obteniendo se lo debe en sí a dos personas. Una de ellas es su padre. La otra, el profesor que lo ayudó a superar las dificultades que tenía en el instituto. Gracias a ellos, su aprendizaje del alemán va viento en popa, rumbo a ser eficaz. Ahora tan solo queda esperar a que vuelva, y poder comprobar como domina de manera fluida la lengua teutona. No obstante, para que eso suceda, faltan algunos años más.
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