El valor del aprendizaje del alemán en la vida de la señora Rosa
September 14th, 2007 by abbotMuchas veces dejar el país en el que uno nació es un choque emocional muy fuerte. Algunas personas pueden llegar a superarlo pero otras no del todo. Siempre les queda ese recuerdo que se mezcla con la nostalgia de todo lo vivido a lo largo de su vida en aquel territorio que les dio la vida. Este hecho se da con mucho mayor intensidad en las personas de la tercera edad ya que han sido más años los que han vivido en su país de origen. Por eso, el choque puede resultar muy negativo si es que no se logra que los ancianos puedan desenvolverse en otras áreas que lo relajen y lo hagan interrelacionarse con el entorno que lo rodean en el nuevo país en el que se haya asentado para vivir. Una de estas áreas y que es perfecta para que las personas de la tercera edad puedan desarrollar todo lo que han vivido a lo largo de su existencia es el aprendizaje de idiomas. Y justo eso fue lo que hizo la familia de Raquel con su abuela cuando llegaron a territorio alemán aproximadamente hace seis meses. Llegó a Berlín procedente de Uruguay y era la última de la familia en llegar a Alemania. Todos los demás miembros habían viajado de manera sistemática en los últimos años y solo faltaba ella. Se resistía a abandonar su natal Montevideo y, además el recuerdo de la muerte de su esposo aún estaba latente. Por eso, es que resistía a irse, aunque al final ya no pudo resistir más la tentación de ver al resto de su familia y poder así no sentirse sola. Cuando llegó a Berlín, la recibió Raquel y su mamá. Todo estaba lista para el recibimiento pero en el rostro de la señora no se notaba ninguna alegría. Es más, parecía que estuviera acongojada y melancólica. En la fiesta de bienvenida a lo sumo sonreía de vez en cuando y se quedaba pensando en un lugar alejado de la casa en donde vivía la familia de Raquel. La situación no cambió después de la fiesta, con el correr de los días y las semanas la situación se ponía más critica ya que su desidia y tristeza iban en aumento. Su familia se dio cuenta de la pena que la aquejaba y busco alguna solución para que pudiera salir del agujero en el que se encontraba. Raquel fue la que más se interesó en el tema y una amiga suya le aconsejó para suerte de ella, la existencia de un instituto de idiomas en el que enseñaban el alemán a las personas de la tercera edad. Esta era una posibilidad magnífica para que la abuela de Raquel pudiera interactuar con otras personas, tanto de su edad o menores que ella, y de esta manera pudiera dejar de lado la añoranza y el recuerdo que en este caso le hacían tanto daño. Casi había transcurrido un mes desde la llegada de la señora Rosa y todo seguía igual. Nada había cambiado. Sin embargo, había algo que iba a cambiar en los próximos días. Y el cambio iba a ser drástico y fundamental para que Rosa ya no se sintiera tan extraña en un país en donde no conocía la lengua natal, o sea el alemán, y que tan solo le parecía el idioma que utilizaban las personas que vivían detrás de las paredes de la casa en donde vivía. El mes se cumplió y justo ese día Raquel llevó a su abuelita Rosa las instalaciones del instituto de idiomas que le recomendó su amiga. Los resultados con el abuelo de esta fueron más que excelentes. Este se encontraba también sumido en la depresión tras su llegada a Alemania, no obstante, con el correr de las clases fue dejando eso de lado y cambio de forma radical. Este cambio se pudo ver, según le contaba su amiga a Raquel, en el trato que tuvo a partir de ese momento su abuelo con los demás miembros de su familia. Ya en el instituto su abuelita se quedó un poco sorprendida por todo lo que sucedía dentro de él. Le calor de los alumnos, la amabilidad de los profesores y de los trabajadores del lugar hicieron que la señora Rosa se sintiera cómoda desde un principio. Escuchó atentamente todo lo que le iban a enseñar en el curso y quedó entusiasmada con lo que podía suceder en el futuro. A los pocos días comenzaron sus clases y el cambio se notó al instante. Tras algunos días estudiando el alemán, Rosa ya sabía manejar algunas frases y muchas palabras en este idioma y parecía que había vuelto a ser la misma de años atrás cuando vivía en su Montevideo querido. Cada clase que recibía hizo que aprendiera más del manejo gramatical, oral y escrito del inglés, siendo su principal virtud la constancia y la tranquilidad para aprender los temas que se le enseñaban en el centro de idiomas. Cerca de cinco meses han pasado desde que la señora Rosa llegó procedente de la capital uruguaya y la relación que tiene ahora con su familia dista mucho a la que se daba cuando recién llegó. La interacción con personas de otras nacionalidades, el compañerismo con personas de su edad y con otras que no lo son, así como las excursiones a diversos lugares de Berlín hicieron que la vida de Rosa cambiara. Un cambio que le vino bien a ella ya que mezcló todo lo que ya había vivido en Uruguay junto a todo lo que estaba viviendo desde su llegada a Alemania. Esta simbiosis única hizo que las ganas de seguir adelante volvieran a la vida de la abuelita de Raquel. Y esas ganas fueron y son el motor del cambio que propició una mayor conexión entre Rosa y su nieta. Esa conexión es el mayor beneficio que pudo se pudo lograr gracias al aprendizaje del inglés. Eso es lo que vale.
Posted in Aprender alemán |