Susana en Berlín

September 27th, 2007 by abbot

Cuando alguien desea viajar, por lo general, debe preparar durante algunos meses todo lo que se necesita para llevarlo a cabo. Sin embargo, hay viajes en los que no se puede llegar a hacer esto. Son decisiones tan repentinas que ni tiempo hay para poder prepararse. Este fue el caso de Susana. Su familia de un día para otro le avisó que tenían que mudarse a Alemania debido al trabajo de su papá. Ella en ese momento estaba estudiando en la secundaria y ya tenía una vida hecha en su ciudad. Una vida llena de amistades que le iba a costar mucho dejar. Por eso, en un principio se negó a viajar. Al final aceptó aunque no tenía muchas ganas de emprender ese viaje. Al llegar a Berlín, la ciudad en la que iban a radicar tanto ella como sus papás, tuvo muchos problemas de índole comunicacional. No sabía nada del alemán y debido a este hecho no podía entablar algún tipo de comunicación. Los primeros días se la pasó en su nueva casa. No salía. Tan solo veía televisión o escuchaba música. El alemán no le llamaba la atención para nada. De esta situación se dieron cuenta sus padres. Quienes de inmediato se propusieron buscar alternativas para que su hija no siguiera así. Entre las opciones que tenían a la mano figuraban la de matricularla en un instituto de idiomas especializado en la enseñanza del alemán para jóvenes extranjeros o en un campamento de verano. Escogieron la primera opción, a pesar que la segunda también les parecía interesante, debido a que no querían dejar a su hija en estos momentos. Para ellos era clave estar al lado de ella para que de esta manera pudiera superar todas las complicaciones que se le habían presentado hasta ese momento. Las primeras clases en el instituto transcurrieron sin ninguna novedad para Susana. En sí, estaba desmotivada por el viaje repentino y por haber dejado atrás la vida que tenía en Medellín. Esta situación la pudieron comprobar sus padres cuando la veían chatear con sus amigos. Solamente en esos instantes se encontraba contenta. Después, casi siempre estaba triste. Felizmente, esta situación cambió con el correr de las semanas. Poco a poco, las clases le fueron pareciendo interesantes y debido a esto la desmotivación quedó en un segundo plano. Además, había conocido a nuevas amistades en el instituto. Eran muchachos de su misma edad, que en muchos casos también habían vivido la misma experiencia que ella. Sus mejores amigos eran un brasilero, un estadounidense, una francesa y una italiana. De otro lado, según lo que me cuenta la mamá de Susana, los progresos han sido muy favorables. El cambio en el aspecto personal también ha sido muy importante. Este fue el que permitió que pudiera dejar atrás los recuerdos del pasado y encaminarse a una nueva vida en territorio germano. Ahora, se dispone a pasar al nivel intermedio en el manejo del alemán. Ya acabó el nivel básico hace algunos días. Gracias a la ayuda de su profesor y a la interrelación activa que ha tenido con sus compañeros a lo largo del curso, ha podido lograr un progreso considerable en el manejo de la lengua alemana. Ambos aspectos, jugaron un papel determinante en su avance. Por eso, lo recomendable en la enseñanza de cualquier lengua es que se fusionen tanto el factor idiomático como el de las relaciones interpersonales. En el caso de Susana se dio esta realidad y los resultados saltan a la vista.

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